jueves, 29 de julio de 2010

Capítulo 2. Reencuentro

El camino estaba emprendido. Hacia atrás la soledad y el peligro de encontrarse con algún oso enfurecido. Hacia delante horas por caminar y ahí, justo ahí, el lugar que Xuana dispuso para tomar unos minutos. Oria hubiese querido sea parte de sus sueños pero era realidad.

Acomodaron sus bolsas de tela negra donde llevaban lo mínimo indispensable para llegar a la aldea, se mojaron los labios con algo de agua e insinuaron mirar a lo lejos lo imposible de ver por lo negro de la noche, como oliendo la distancia.

Comenzaron a sentir un viento que arremolinaba de derecha a izquierda y las rodeaba. No hizo falta que Xuana ordene se queden quietas porque era lo único que se podía hacer. Ante el miedo, Oria, quedó endurecida de pies a cabeza como si aún tuviese espacio para la sorpresa después de la noche que había comenzado con una mínima ceremonia y había terminado con un viaje obligado e inesperado.

María parecía no estar. Si bien prácticamente casi no se veían, entre ellas se presentían. El blanco de los ojos a veces aparecía, como si el brillo de alguna estrella justamente pegase en ellos y permitiera asegurarse que seguían allí.

El viento se hacía caliente e inmundo y seguía rodeándolas pero ya no daba vueltas en círculo sino que el círculo invisible se había aquietado y quedado allí impidiéndole el paso para seguir.

Estando allí prisioneras nadie hablaba. Los movimientos eran tan ínfimos que mover los ojos hacia alguno de los costados era un lujo que se podían dar con suma lentitud.

Oria era inexperta pero había sido preparada toda su vida para lo que se avecinaba.

Si hubiesen sido tres personas comunes la quietud se hubiese roto al igual que el círculo. De día el hombre es quien persigue al lobo y lo destruye, pero de noche y en jauría son ellos que dominan en pocos segundos a quienes van desarmados.

Allí estaban ellos, innumerables lobos hambrientos que mantenían el mismo silencio que ellas tres. Parecía un encuentro interminable para Oria que temía sus piernas dejen de responder. Si caía enfurecería no sólo a los lobos que entrarían y se la llevarían sin reparo sino también a Xuana que la excluiría en su primera noche antes de superar el primer paso importante. El miedo de esto último era más fuerte que el temor a la ferocidad de los animales aunque en orden ser alimento de ellos ya impidiera lo segundo.

De pronto sintieron cómo se desordenaba el círculo abriéndose para que uno de ellos se adentrase y formase parte del interior del mismo. Ahora eran cuatro los integrantes en situación de igualdad. Como cuatro patas de una mesa, como si el animal de pronto tuviese pensamiento humano.

El tiempo se achicó ya que a pesar de faltar cuatro horas para el amanecer, empezó a aclarar por detrás de un alcor y por fin se vieron. El cuarto integrante del círculo en cuatro patas, con menos pelos que su jauría y sin cola. Tenía rostro de mujer aunque sus dientes eran de lobo.

La duda si María estaba o no allí se disipó. Mantenía el mismo rostro apacible que cuando pasó a buscarla Oria para ir a la reunión de la noche anterior.

4 comentarios:

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  2. Excelentes relatos, espero el tercer capítulo! A proposito, quedé estupefacto por las imagenes que transmite el textos...muy bueno!

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  3. Cancio! Te felicito por ésta idea de la novela por entregas, me fascinan las imágenes que crean tus textos, tus palabras. Espero el tercer capítulo, Avisá cuando lo subas.
    Saludos

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  4. Muchas gracias por sus comentarios. Siempre es bueno interactuar sobre literatura. Me atraen las nuevas tecnologías relacionadas con la tradicional costumbre de leer.
    Saludos

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