viernes, 30 de julio de 2010

Capítulo 1. Decisión

Eran las 3 de la mañana. Xuana, Oria y María aceleraban el paso y los zuecos de madera resonaban entré sí, siendo la única forma de notar la presencia de estas tres mujeres en plena obscuridad.

Sólo Dios sabe cómo se orientaban en ese mar lleno de formas similares, en un gran camino ascendente, sin señales ni límites.

Oria quejose sin palabras, con un sonido interno que era para sí misma,evitaba hacerlo notar ya que Xuana no sólo se lo reprocharía sino que seguramente la haría apartar de la misión si notaba una mínima debilidad en sus dos secuaces elegidas.

Así, con el silencio absoluto de María, la queja interna de Oria y la videncia de Xuana, el cometido se llevaría a cabo. En la jornada anterior hubo acaloradas disputas donde mujeres de todos los punto cardinales se habían encontrado en aquella jornada fúlgida donde todas habían opinado con expresiones a favor y en contra, con palabras en algunos pocos casos.

La opinión de Xuana fue la más ferviente ya que utilizó un sistema imposible de reprochar. Defendió su opinión con látigos de fuego sorprendiendo a más de una aldeana inexperta que esperaba una reunión más tradicional y ordinaria, si algo tienen de ordinaria estas reuniones que llevan una vez al año las mujeres de este mundo.

Ella hizo uso de sus notables virtudes, y en esa, a veces, incontrolable reunión puso orden e impuso su idea donde ya nadie podía decir más nada en contra y ni siquiera a favor.
El encuentro que supuestamente era para tomar una decisión tan importante había finalizado con una resolución rápida e inconsulta.

La verbena seguiría por muchas horas más mientras ellas tres iban saliendo y desapareciendo por la cumbre hacia la aldea a más de treinta km de distancia.

jueves, 29 de julio de 2010

Capítulo 2. Reencuentro

El camino estaba emprendido. Hacia atrás la soledad y el peligro de encontrarse con algún oso enfurecido. Hacia delante horas por caminar y ahí, justo ahí, el lugar que Xuana dispuso para tomar unos minutos. Oria hubiese querido sea parte de sus sueños pero era realidad.

Acomodaron sus bolsas de tela negra donde llevaban lo mínimo indispensable para llegar a la aldea, se mojaron los labios con algo de agua e insinuaron mirar a lo lejos lo imposible de ver por lo negro de la noche, como oliendo la distancia.

Comenzaron a sentir un viento que arremolinaba de derecha a izquierda y las rodeaba. No hizo falta que Xuana ordene se queden quietas porque era lo único que se podía hacer. Ante el miedo, Oria, quedó endurecida de pies a cabeza como si aún tuviese espacio para la sorpresa después de la noche que había comenzado con una mínima ceremonia y había terminado con un viaje obligado e inesperado.

María parecía no estar. Si bien prácticamente casi no se veían, entre ellas se presentían. El blanco de los ojos a veces aparecía, como si el brillo de alguna estrella justamente pegase en ellos y permitiera asegurarse que seguían allí.

El viento se hacía caliente e inmundo y seguía rodeándolas pero ya no daba vueltas en círculo sino que el círculo invisible se había aquietado y quedado allí impidiéndole el paso para seguir.

Estando allí prisioneras nadie hablaba. Los movimientos eran tan ínfimos que mover los ojos hacia alguno de los costados era un lujo que se podían dar con suma lentitud.

Oria era inexperta pero había sido preparada toda su vida para lo que se avecinaba.

Si hubiesen sido tres personas comunes la quietud se hubiese roto al igual que el círculo. De día el hombre es quien persigue al lobo y lo destruye, pero de noche y en jauría son ellos que dominan en pocos segundos a quienes van desarmados.

Allí estaban ellos, innumerables lobos hambrientos que mantenían el mismo silencio que ellas tres. Parecía un encuentro interminable para Oria que temía sus piernas dejen de responder. Si caía enfurecería no sólo a los lobos que entrarían y se la llevarían sin reparo sino también a Xuana que la excluiría en su primera noche antes de superar el primer paso importante. El miedo de esto último era más fuerte que el temor a la ferocidad de los animales aunque en orden ser alimento de ellos ya impidiera lo segundo.

De pronto sintieron cómo se desordenaba el círculo abriéndose para que uno de ellos se adentrase y formase parte del interior del mismo. Ahora eran cuatro los integrantes en situación de igualdad. Como cuatro patas de una mesa, como si el animal de pronto tuviese pensamiento humano.

El tiempo se achicó ya que a pesar de faltar cuatro horas para el amanecer, empezó a aclarar por detrás de un alcor y por fin se vieron. El cuarto integrante del círculo en cuatro patas, con menos pelos que su jauría y sin cola. Tenía rostro de mujer aunque sus dientes eran de lobo.

La duda si María estaba o no allí se disipó. Mantenía el mismo rostro apacible que cuando pasó a buscarla Oria para ir a la reunión de la noche anterior.

miércoles, 28 de julio de 2010

Capítulo 3. Cim


Desde arriba era visiblemente un círculo. A ras del suelo podían verse las imperfecciones que producen habitualmente los hombres de estas tierras y que, con la finalidad de hacer funcional sus creaciones , dejan de lado las simetrías. Las piedras, unas sobre otras dejaban ver, en algunos sectores, el otro lado. Era un muro alto, más alto que la media de estatura de la población. El castro evidenciaba mucho uso con gran cantidad de huellas intercaladas de calzado y patas pero, estaba vacío. Ningún otro rastro de actividad humana ni animal parecía pertenecer al fortín. Allí había solamente piedra mezclada con barro moldeado por bípedos y cuadrúpedos. Hacia el sur se encontraba una abertura por donde entraba el sol reflejando una tangente luminosa. El gran círculo pétreo fue lo que durante la noche cercó al trío al momento de la venida de los cánidos. Fue el límite que siguieron los efluvios lobos en esa escena súbita que dejó descubierta la verdad.

La sombra, por el momento, ocupaba la mayor parte. Recién al mediodía daría en toda la superficie por igual. Mientras se adecuaban a la nueva situación luminosa, Xuana y ese animal eran enfocados por el sol. Estar del lado de la sombra permitía a Oria y a María observar los detalles de cada una. Xuana notó ese beneficio de las otras y, sin apurarse pero con premura, se sacó su abrigo que le llegaba hasta los tobillos y lo acomodó sobre aquella bestia.

_ ¡Cim!_ Le ordenó acentuadamente Xuana, sin haberse notado resitencia alguna de su contraparte.

Impetuoso y sin darle tiempo a escudarse o protegerse, el animal se paró en dos patas dejando ver una estatura similar a la Xuana por lo que el abrigo también le llegaba a los tobillos pero, al no tener calzado se le arrastraba en los talones. Oria y María miraban pasmadas ese lento traspaso de ropa de una persona a un animal. Pudieron observar que los ojos del carnívoro eran tan azules como los que Xuana escondía detrás del flequillo que caía entre el pañuelo de su cabeza. Notaron, con íntima sorpresa, que ciertas características de la boca, como el espesor de los labios, eran iguales en los dos, aunque también encontraron diferencias claras. Xuana había renunciado hacía tiempo a mantener toda su dentadura completa y la lengua en algunos momentos se le asomaba por un espacio que habían dejado dos premolares y por vergüenza mantenía cerrada su boca. En cambio el animal tenía sus fauces en perfecto estado, con blancura y dureza sus colmillos hacían una abertura más prominente y que por costumbre permanecía abierta.

Estaban aquellas dos principiantes recorriendo los mismos curiosos pensamientos, cada por sus caminos internos, cuando les pareció ver, inexplicablemente, que el lobo con un movimiento instintivo se ató el extremo del abrigo a la altura del cuello. Desistieron juntas de la idea cuando vieron que Xuana le estaba acomodando la larga y enredada cabellera y pensaron que ella era quien le había rematado en un moño la ropa que la alimaña recibía satisfecha.

Sin palabras y a la avanzada de quien las dirigía hasta ahora, partieron hacia el herbazal de la empinada colina. Saliendo por la misma boca por donde habían entrado, sin notarlo, durante la noche.

Xuana tenía puesto otro abrigo exactamente igual al que había ofrecido. Así, evidenciaba que había planeado este encuentro antes de partir ya que, por el gran peso que tienen, no es costumbre usar una capa sobre otra.

lunes, 26 de julio de 2010

Capítulo 4. Animales

Xuana preguntó algo al animal y él respondió girando la cabeza hacia la derecha y quedando en esa posición. La segunda pregunta que le realizó Xuana la respondió bajando la cabeza y poniendo una pata sobre su nariz.

Oria y María miraban. Una, asombrada y la otra queriendo disimular el asombro. Sabían que Xuana podía comunicarse con los lobos pero allí estaban descubriendo un secreto que ella nunca había mencionado. Ese lobo en especial podía comunicarse con ella hablando. Le escucharon decir "sí" o "no" a las otras dos preguntas, siempre acompañando la respuesta con un sinnúmero de movimientos caninos para cada una de ellas.

De pronto Xuana se acercó a sus acompañantes y les ordenó:
_Vamos ya. Está en la cueva_
Oria esperó que emprendan el camino y, luego de voltear hacia María con una profunda mirada de auxilio, acompañó al grupo por miedo de quedar sola y no saber volver.No tenía idea dónde estaban, ni pudo utilizar un ápice de su habilidad para orientarse de día. Las horas de caminata nocturna la habían transportado a un mundo desconocido completamente.

Al ingresar a la cueva el olor las invadió. Era un lugar que rechazaba a la gente. ¿Cómo podía estar el niño que buscaban entre tan repugnante aroma? Allí estaba el pequeño sobre el piso pedregoso. Se lo veía sucio y con sangre seca en el cuello. Al voltearlo se despertó pero no lloró como hacen los bebés. Se lo veía saciado.

Xuana lo arropó con una manta que ya había abierto desde la entrada y con la protección del animal que le cuidaba la espalda salieron lentamente pero sin descanso hacia el camino que habían dejado atrás.

Cuidándolo del frío prefirieron dejarlo con esa capa protectora de barro y sangre que lo cubría. El mayor problema ahora era cómo lo alimentarían ya que se había acostumbrado a succionar la leche de la loba.

Caminaron hacia la parte más alta de la colina y desde allí Oria pareció haber salido de un denso sueño cuando sorprendida divisó su aldea a pocos metros.
 
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